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Cuando se buscan los orígenes del coaching se suele poner de ejemplo a Sócrates, el maestro de Platón, porque hacía potentes preguntas a los ciudadanos de Atenas con los que conversaba para ayudarles a extraer la verdad que llevaban dentro, como una matrona ayuda a la madre a sacar del vientre a su retoño. Sin embargo, a pesar de que el coaching utiliza las “preguntas poderosas” de Sócrates, preguntas dirigidas a que cada uno saque la verdad que lleva dentro, en el pensamiento aristotélico hay muchos más elementos de lo que hoy entendemos por coaching, como un proceso de aprendizaje y desarrollo personal.

 

Aristóteles decía en su Ética Nicomáquea que lo mejor que puede hacer el ser humano con su vida es «buscar el bien más perfecto… y tal parece ser, sobre todo, la felicidad, pues la elegimos por ella misma y nunca por otra cosa, mientras que los honores, el placer, la inteligencia… los deseamos… pues pensamos que gracias a ellos seremos felices» (Ética, Libro I). Hoy diríamos lo mismo, buscamos la felicidad y la buscamos desarrollando todas las áreas de nuestra vida. En un proceso de coaching buscamos mejorar aquellas áreas que nos permitan lograr los objetivos que nos proponemos. Un buen proceso de coaching nos ayuda a entendernos mejor con nosotros mismos, con nuestros puntos fuertes y contradicciones para conseguir resolver los retos u obstáculos que nos impiden avanzar.

 

En este proceso de tomar conciencia del camino que nos conduce a la meta, nos encontraremos con que necesitamos tomar decisiones, cambiar cosas en nuestra vida. Pero, ¿cómo saber qué necesitamos cambiar? Aquí nos vuelve a ayudar Aristóteles. El filósofo griego decía que la virtud, o lo correcto, es tomar el «término medio» entre dos extremos: entre el derroche y la avaricia está la generosidad, entre la cobardía y la temeridad está el valor. En un proceso el coach nos acompaña hasta que encontremos cuál es lo más correcto para el momento en el que estamos viviendo. Y lo más correcto, lo virtuoso, o en el lenguaje actual, lo productivo, son las decisiones que más nos ayudan a conseguir un objetivo. En algunos momentos la virtud consistirá en “esperar el momento oportuno”, en otros en “arriesgar y dar ya el paso”. Y eso lo iremos descubriendo a lo largo del proceso de coaching. Realmente no hay nada correcto o incorrecto, sino productivo o improductivo para alcanzar el objetivo marcado.

 

Y, ¿cómo se hace algo? La respuesta es simple: haciéndolo. Aristóteles decía que adquirimos la virtud mediante el hábito, mediante la repetición de acciones: «practicando la justicia nos hacemos justos; practicando la moderación, moderados.. [y por nuestra] actuación en los peligros acostumbrándonos a tener miedo o coraje nos hace valientes o cobardes» (Ética, Libro II). Entonces, ¿qué acciones necesitamos para adquirir hábitos productivos en nuestras vidas? En coaching las llamamos “acciones smart”, acciones concretas, con un tiempo límite para ser cumplidas y con un objetivo muy bien definido. Estas son los primeros pasos en el camino hacia la meta.

 

En este punto podemos preguntarnos ¿cuáles son objetivos que verdaderamente merecen la pena ser conseguidos? El coach nos retará a buscar los valores más profundos de nuestro ser y que sustentan el deseo de conseguir algo. En coaching se busca que los valores personales y los objetivos estén perfectamente alineados, porque cuando eso se produce, y sólo entonces, encontramos en nosotros mismos la fe que mueve montañas para convertir nuestro sueño en realidad.

 

Aristóteles decía que todos buscamos “la buena vida”, la vida que nos hace felices. Un proceso de coaching es un proceso de aprendizaje, de cambio, de transformación personal que nos ayuda a conseguir la “buena vida” que queremos para nosotros, la “buena vida” que hemos elegido nosotros. Seguro que si Aristóteles hubiera nacido hoy en día se dedicaría al coaching.

 

 

Bibliografía y Créditos:

-Aristóteles: “Ética Nicomáquea”. Ed. Gredos, Madrid, 1985.

-Metodología CORAOPS, Instituto de Coaching Ejecutivo, Madrid.

Publicado originalmente en la revista Alumni de ICE – Coraops.