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Se cuenta que Ramón del Valle-Inclán en 1927, en el estreno de “El hijo del diablo” en el Teatro Fontalba de Madrid, tuvo una desavenencia con un espectador y le llamó “imbécil” y “animal”. A Valle-Inclán se lo llevó detenido la policía y en comisaría al ser preguntado por sus palabras respondió: “Eso no fue un insulto, sino una definición”. Esta divertida ocurrencia de Valle-Inclán nos da pie a reflexionar sobre el uso que hacemos del lenguaje. Valle-Inclán insulta al espectador, pero con mucha finura e ironía evita reconocer que ha le insultado diciendo que tan sólo le ha definido.

 

Curiosamente esta situación sucede en nuestra vida cotidiana muy frecuentemente. Decimos algo a una persona de forma brusca y al darnos cuenta de su reacción negativa intentamos rectificar añadiendo “bueno, no he querido decir eso, si no que…” y entonces lo decimos con más tacto o delicadeza. Pero la primera frase ya ha hecho su efecto y eso es difícil de arreglar. Por ejemplo: tras una presentación un compañero de trabajo le dice a otro: “Hemos hecho el ridículo”. El otro pone cara de ofendido y el primero rectifica: “Perdona, no quería decir eso, pero creo que podríamos haber causado mejor impresión si no hubieras mencionado el tema de las ventas que hemos perdido”.

 

Esta idea es la que está a la base de los eufemismos. Un eufemismo es una “manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante” (DRAE). Y muchas veces se dice que en vez de utilizar eufemismos hay que “llamar las cosas por su nombre”. Para el coaching “el lenguaje no es inocente”, es decir, que decir las cosas de una forma o de otra lleva acompañada una intención u otra. Y, ¿cómo se llega a la afirmación de que “el lenguaje no es inocente”? A lo largo de la historia ha habido varias concepciones sobre el lenguaje.

 

El lenguaje descriptivo

Desde los antiguos griegos hasta principios del siglo XX se pensó que el lenguaje era un instrumento para describir el mundo, esto es, el mundo es de una manera, y lo único que hace el lenguaje es poner en palabras cómo es realmente. Es lo que en castellano expresamos con “llamar al pan pan y al vino vino”. El lenguaje sacaría “fotografías del mundo” en forma de palabras y frases, y no añadiría ni quitaría nada a lo que ya hay. En esta concepción se asienta el término eufemismo, pues con los eufemismos se evitaría llamar a las cosas por su nombre y se buscarían rodeos para no decir claramente lo que se quiere decir.

 

El significado de las palabras es el uso

Sin embargo, esta visión descriptiva del lenguaje resulta insuficiente para comprender toda su complejidad. La forma en la que decimos las cosas influye mucho en cómo las entendemos. Por eso en el siglo XX se pasó a pensar que «el significado de una palabra es su uso en el lenguaje». Es decir, las palabras tendrán un significado distinto según las usemos. Un ejemplo claro y directo sería la palabra “cabrón”. En castellano se puede utilizar como insulto en una discusión (“¡Eres un cabrón!”), y también se puede utilizar como alabanza y como reconocimiento de valor o astucia en una charla relajada con un amigo (“¡Qué cabrón eres!”). Según usamos las palabras hacemos y expresamos cosas distintas.

 

El lenguaje generativo

Podemos ahora reconocer que el lenguaje no describe el mundo, usamos el lenguaje para hacer cosas. El significado de las palabras varía según el uso que les damos, y si tomamos plena conciencia de los que significa eso llegamos a la tercera concepción del lenguaje: el lenguaje es generativo. El uso que hacemos de él crea realidades nuevas, abre y cierra posibilidades de acción. Los eufemismos, en el fondo, no existen. La forma en la que utilizamos las palabras hace que las relaciones con los demás tomen unos caminos u otros. Y cuando decimos algo es porque queremos decirlo. En la frase de los dos compañeros de trabajo podemos pensar que el primero no sólo le está diciendo que han hecho el ridículo, también le está diciendo que está enfadado con él porque ha dicho algo que él considera que no debiera haber dicho. Y cuando se da cuenta de que esa frase tan sincera es un error, que daña la relación con su compañero, intenta una rectificación. Valle-Inclán insulta al espectador, pero se defiende con una ocurrencia literaria, pero el espectador, con razón, se siente ofendido.

 

En las conversaciones que tenemos con los demás todo cuenta, la forma, el fondo, el tono, el contexto, todo aporta información al otro de lo que queremos comunicar, de cómo nos sentimos y de en qué consideración le tenemos. Cuando decimos algo… decimos exactamente lo que queremos decir, aunque luego nos demos cuenta de que quizás nos hayamos ido de la lengua, pero esa intención, esas emociones para elegir unas palabras u otras estaban en nosotros. Tenerlo en cuenta puede ayudarnos a ser más hábiles en nuestras conversaciones personales y profesionales. Si lo dices, lo piensas, así está bien que pienses lo que quieres decir…

 

 

Bibliografía y Créditos

-Echeverría, Rafael: “Ontología del Lenguaje”. Ed. J.C.Sáez, Argentina, 1994.

-Rodrigo, Antonina: “Margarita Xirgú: una biografía”. Ed. Flor del Viento, 2005.

-Wittgenstein, Ludwig

-(1922): “Tractatus Logico-Philosophicus”. Alianza Editorial, Madrid, 1973.

-(1954): “Investigaciones Filosóficas”. Editorial Crítica, Barcelona, 1988.

-Metodología CORAOPS, Instituto de Coaching Ejecutivo, Madrid.

Publicado originalmente en la revista Alumni de ICE – Coraops.