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Oímos continuamente en los medios de comunicación lo importante que es que gobiernos y empresas inviertan en I+D+I (Investigación, Desarrollo e Innovación) para aumentar nuestra competitividad como país frente a los demás, y con ello asegurar la buena marcha de la economía, ya que la I+D+I es lo único que garantiza sacar regularmente al mercado nuevos productos y servicios que aumenten la fortaleza económica e industrial de nuestro país.

 

El I+D+I tiene una orientación esencialmente tecnológica, es invertir en el desarrollo tecnológico de las empresas, ya sean públicas o privadas. Pero, ¿qué pasa con las personas? ¿Puede haber un I+D+I para las personas, una investigación, un desarrollo y una innovación en cómo son, cómo afrontan sus vidas y cómo se relacionan con los demás?

 

La formación personal y profesional está todavía muy orientada en adquirir primero cultura general (el colegio) y luego conocimientos técnicos sobre economía, informática, ingeniería, derecho, etc. Si imaginamos la formación estándar de una persona pensaríamos en hacer un módulo o una carrera, un máster y luego cursos especializados en áreas muy concretas del sector en el que cada uno haya escogido trabajar.

 

Dentro de este itinerario formativo ideal el coaching no ocupa el lugar que le corresponde dentro de la opinión pública actual. El coaching todavía arrastra el San Benito de la psicología, y comúnmente pensamos en acudir a un coach para “solucionar un problema”. Cuando el coaching, realmente, es una inversión y una formación que puedes hacer en ti mismo en cualquier momento (como inviertes y te formas –salvando las distancias – en aprender inglés o informática).

 

El coaching es un proceso de aprendizaje en el que tú vas a elegir el nombre y el tipo de “máster” que quieres hacer. Es la formación más personalizada que hay, porque en ella, con la ayuda de un coach, tú vas a fijar qué quieres aprender, qué quieres desarrollar y cuáles son los plazos que te pones para ello.

 

El coaching es investigación, desarrollo e innovación en ti mismo. Investigación sobre qué es lo que realmente necesitas aprender para conseguir lo que quieres, desarrollo de esas capacidades que lo harán posible, e innovación en la forma en la que te ves a ti mismo, a los demás, y tu mundo en general.

 

Ver el coaching como una inversión en I+D+I para nosotros nos haría realmente ser más felices y más competitivos como personas y trabajadores. Invertir en coaching es invertir en tecnología de desarrollo de las personas, tecnología de desarrollo de nosotros mismos.

 

Últimamente se ha puesto de moda realzar la figura del emprendedor, pero ¿cómo se crea y se desarrolla un emprendedor? No es suficiente con tener una buena idea de negocio, sino que es absolutamente necesario desarrollar también a la persona para que sea capaz de ponerla en marcha, desarrollar a la persona para que sea capaz de llegar a la excelencia y que de esa idea surja una nueva empresa que funcione y cree riqueza.

 

Es famosa la antigua máxima grabada en el templo de Delfos atribuida a uno de los Siete Sabios de Grecia, que dice: “conócete a ti mismo”, en el sentido de conocer quién eres, cuál es tu lugar en el mundo y dónde están tus límites y posibilidades. Hoy podríamos ir un poco más lejos y decir “conócete y desarróllate a ti mismo”, ya que tus límites y posibilidades no están fijados de antemano, sino que los puedes ampliar y transformar. Y ahí es donde reside el auténtico valor de un proceso de coaching: que tú consigas ver y querer alcanzar la mejor versión de ti mismo. Coaching es I+D+I para ti, ¿a qué esperas para ser mejor y más feliz?

 

 

 

Créditos: Publicado originalmente en la revista Alumni de ICE – Coraops.